Lo que espere por años hoy ocurrió, y no, no me refiero a que me superé como persona ni ninguna de esas boludeces, hablamos de cosas importantes, me pude vengar!
Hay un viejo choto que vive en el quinto, tiene un hijo que se llama Nacho y cuando era niño éramos inseparables y bardeábamos mal, a raíz de todo esto nuestros padres nos separaron y no dejaron que nos volvamos a ver (no confundir con Luisito, del que ya hablé, que es otro del que también me separaron), de esto les hablo cuando tenía 11 años.
Una de las tantas cosas que nos gustaba hacer era escupirle a los vecinos por el hueco de las escaleras, estábamos agazapados como felinos en la oscuridad en el segundo piso y cuando en planta baja esperaban al ascensor y se paraban en el rectangulo que da a la escaleras, nosotros los bendecíamos y nos tirábamos para atrás doblados de la risa.
También nos escondíamos en el incinerador (donde todos ponemos la basura para que el portero la saque) y golpeábamos la puerta con un palo y todos salían de sus departamentos asustadísimos pensando que entró algún loco y claro, no veían nada, nosotros estábamos encerrados en ese cubículo de 2x2 donde había bastante olor a mierda pero cuando sos chico esas cosas no te importan, te podés revolcar en la basura que te parece divertido.
Y cosas así hacíamos a montones, hasta que se armó un terrible quilombo cuando robamos los felpudos (esos que dicen Welcome) de todos los departamentos y los prendimos fuego, nos descubrieron y no nos permitieron volver a vernos.
Cada uno siguió su vida, jamás volvimos a hablar.
Los padres de Nacho nunca más me saludaron y yo siempre voy colgado en la mía y quizás abro la puerta del ascensor y digo “hola” automáticamente y justo es uno de ellos que no me saluda y quedo como el más boludo, porque no hay nada peor que no te contesten.
Pero hoy todo fue distinto, estaba hablando por celular con una amiga, abro la puerta y estaba el papá de mi amigo, más gordo que de costumbre, con esa cara de empanada y esos dos pelos del costado peinados para el lado contrario para disimular esa calvicie espantosa y de la nada digo:
Lía: Y si boluda, es gordo, que esperabas? Es como un discapacitado, su tema de conversación gira en torno a las marcas de mayonesa y donde se compra el mejor chocolate.
Él: (esperó a que cortara) No seas desubicado
Lía: Porque me estás hablando? Voy a hacer de cuenta que esto no está pasando, BIOMBO! (hice un gesto como de cerrar una ventana)
Y lo que esperé por años sucedió, él se quedó callado, sorprendido, no esperaba esa respuesta, seguramente pensaba que lo iba a putear vulgarmente pero no, un insulto sin fundamento es igual a nada, en cambio un par de palabras bien dichas te puede dejar por el piso.
Yo bajé victorioso, le cerré al puerta en la cara y aunque dormi nada mas que 3 horas me fui a ese curso de Photoshop del orto con una sonrisa.
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